domingo, 3 de diciembre de 2017

Roberto Abad / Un compositor


Roberto Abad
UN COMPOSITOR

Hace cientos de años un compositor quedó atrapado en su obra cumbre: un lugar frío y aparentemente sin ventanas. Ahora que el lector ha llegado hasta aquí, después de mucho, el hombre redescubre la luz, la salida. No sabe cómo actuar, ha pasado tanto tiempo. Quiere decir gracias, pero no se atreve. Opta, finalmente, por irse al rincón, ya no le importa salir. A su edad, en lo único que piensa es en su muerte, que sucederá cuando el lector cambie de página.


Roberto Abad
(Cuernavaca,México, 1988) escribe, lee y hace música. Estudió Educación en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Fue incluido en las antologías de cuento Alebrije de Palabras. Escritores Mexicanos en breve (BUAP, 2013) y Los regresos de Zapata (Cimandia, 2014). Es autor de Orquesta primitiva, publicado por el FETA.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Jaime Fernández / Una dentellada



Jaime Fernández
Biografía
UNA DENTELLADA

Agazapado entre los arbustos del parque el hombre siente, como una dentellada en su vientre, el abrazo y el beso clandestinos entre su mujer y el joven amante.

Más tarde, los tres cuerpos yacen sobre la piel húmeda del césped -en medio del ulular de sirenas-, y, sin saberlo, posan para la foto del diario amarillo de mañana.

Jaime Fernández
El hombre que se mece
Entreletras, Villavicencio, 2017, p. 48




viernes, 24 de noviembre de 2017

Jaime Fernández / Exposición


Autorretrato
Francis Bacon

Jaime Fernández
Biografía
EXPOSICIÓN

Veo al hombre en la sala. Se aproxima, me observa con atención, intenta tocarme; hunde su dedo índice sobre el lienzo y alcanza mi rostro.

De nuevo la sala queda vacía.

Jaime Fernández
El hombre que se mece
Entreletras, Villavicencio, 2017, p. 54



martes, 21 de noviembre de 2017

Jaime Fernández / Carrera


El abrazo
Irene Pascual


Jaime Fernández
Biografía
CARRERA

Corro frenético por la calle hasta alcanzar el umbral; entro y tranco la puerta. Le he ganado la carrera a la parca. Abrazo a mi madre, quien me besa feliz y me estrecha entre sus brazos.
-No temas, hijo, ella nunca te va a alcanzar -me dice, con la ternura de siempre. Igual que cuando vivía en este mundo.

Jaime Fernández
El hombre que se mece
Entreletras, Villavicencio, 2017, p. 36




viernes, 17 de noviembre de 2017

Anónimo / El abuelo

Vicent van Gogh
Oleo sobre tela
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York

Anónimo

EL ABUELO

Cuando mi abuelo tenía 70 años, el médico le recomendó que caminara 10 km diarios. Ahora tiene 80 años y no sabemos dónde está.

Nota
Recogida en FB por John Jairo Junieles, esta anécdota, que podría considerarse una broma, también funciona como un bellísimo cuento sobre la muerte.







martes, 7 de noviembre de 2017

Vladimir Nabokov / Harén



Vladimir Nabokov
HARÉN


Erwin contemplaba, con toda audacia y libertad, a las muchachas de paso, y, súbitamente, se mordía el labio inferior: esto significaba la captura de una nueva concubina; después de lo cual, la dejaba de lado, por así decirlo, y su rápida mirada, saltando como la aguja de una brújula, ya emprendía la búsqueda de la siguiente. Tales bellezas estaban lejos de él, y, por lo tanto, su huraña timidez no afectaba las dulzuras de la libre elección. En cambio, si acaso se sentaba una muchacha en el asiento diagonalmente opuesto al suyo, y un leve sobresalto le indicaba que era bonita, él retraía su pierna, con una evidente hosquedad que no se avenía con su juventud, y le resultaba imposible inventariarla: los huesos de su frente padecían -exactamente sobre las cejas- un agudo dolor provocado por la timidez, tal como si un casco de hierro ciñera vigorosamente sus sienes, impidiéndole alzar los ojos; con qué alivio, luego, la veía levantarse y dirigirse hacia la salida. Entonces, con fingida distracción, él observaba (él, el desvergonzado Erwin) las espaldas que se alejaban, devoraba ávidamente la nuca adorable y las pantorrillas cubiertas por medias de seda, y así, finalmente, la incorporaba a su harén. La pierna recuperaba su sitio, la acera volvía a circular detrás de la ventanilla, y, una vez más, apoyándose contra el vidrio en que traslucía, aplastada, su nariz delgada y pálida, Erwin se dedicaba a recoger esclavas.

Nabokov / Un cuento de hadas


domingo, 5 de noviembre de 2017

Isaac Bashevis Singer / Un héroe

El hombre sin talento
Ilustración de Yoshiharu Tsuge


Isaac Bashevis Singer

UN HÉROE

Caminé por mucho tiempo hasta llegar a un parque. Me senté en una banca totalmente anonadado por lo que me había sucedido. De hecho, ya no quería regresar a casa. Un hombre que va al baño y se pierde queda convertido en un ridículo. Se me ocurrió que era mejor desaparecer bajo extrañas circunstancias, y ese fue mi deseo: desaparecer como una piedra en un lago. Es mejor ser un héroe en una tragedia que un tonto en una comedia.

Isaac Bashevis Singer / La esposa perdida





jueves, 2 de noviembre de 2017

Isaac Bashevis Singer / Berta y los jorobados



Isaac Bashevis Singer

BERTA Y LOS JOROBADOS

Nunca paseé con Berta en la calle. Le dictaba las clases en casa de una amiga de ella que era jorobada. Precisamente por ser jorobada no me intimidaba. Si todo el pueblo fuera de jorobados, me habría atrevido a pasear con Berta por la plaza. Pero, ¿cómo se consigue todo un pueblo de jorobados?

Isaac Bashevis Singer / La esposa perdida





domingo, 29 de octubre de 2017

Vladimir Nabokov / Sólo el azar logra el crimen perfecto


Vladimir Nabokov
SÓLO EL AZAR 
LOGRA EL CRIMEN PERFECTO

Madame Lacour fue asesinada en Arles, al sur de Francia, a fines del siglo pasado. Un hombre desconocido con barba, que, según se conjeturó después, podría haber sido un amante secreto de la dama, se dirigió a ella en una calle atestada de gente, al poco tiempo de su casamiento con el coronel Lacour, y le dio tres puñaladas mortales en la espalda; mientras tanto, el coronel, una especie de pequeño bulldog, se colgaba del brazo del asesino. Por una coincidencia milagrosa, en el instante mismo en que el asesino se libraba de las mandíbulas del enfurecido esposo (mientras varios curiosos cerraban círculo en torno al grupo), a un italiano medio chiflado, que vivía en la casa más cercana al lugar donde se desarrollaba la escena, le estalló accidentalmente una bomba que estaba preparando, y al instante la calle se convirtió en un pandemónium de humo, ladrillos que volaban y gente que corría. La explosión no hirió a nadie (aunque puso fuera de combate al coronel Lacour), y el vengativo amante de la dama huyó entre la multitud, y vivió tranquilamente el resto de sus días.

Vladimir Nabokov
Lolita, 1955


miércoles, 25 de octubre de 2017

Aura García-Juco / Alado




Aura García-Junco
ALADO

Piensas que puedes abrir las alas y volar al mundo. Piensas que puedes huir, huir lejos. Piensas, también, que el mundo es tuyo porque eres sabio, que eres un rebelde, un forajido. Al diablo, partamos. Te decides a emprender el camino difícil. Al salir, todo te parece posible; es más, parece que la libertad es aquello para lo que naciste. Te llenas los pulmones de aire de un respiro y ríes. Te hiperventilas de tanto espacio y luz. Y entonces, caes, de golpe, al suelo. O mejor, al mar.


Aura García-Junco (Ciudad de México, 1988) estudio Letras Clásicas en la UNAM. Actualmente es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas.



jueves, 19 de octubre de 2017

Aura García-Junco / Una carrera

Ilustración de Valeria Lipshitz

Aura García Junco

Una carrera



Iba corriendo con las manos llenas de letras; el cuerpo empapado de mil historias. El aliento era cada vez más veloz y desesperado y en el paso pesado tiraba palabras escurridizas. Cada vez más el camino que andaba se oscurecía de monosílabos, consonantes sordas, palabras surgidas del azar. Para cuando llegó, las manos estaban casi vacías y su cuerpo impregnado de sudor. Las suaves historias palpitaban en su pecho, revueltas entre sí de tantas y de agitación.

No llores, le dijo. Pon las pocas letras que quedan en la mesa, ya las cenaremos en un rato.


Aura García-Junco (Ciudad de México, 1988) estudio Letras Clásicas en la UNAM. Actualmente es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas.




miércoles, 11 de octubre de 2017

Joaquin Filio / Zopilote


Joaquín Filio
EL ZOPILOTE

A la hora de comer, mientras cuchareamos la sopa, sus ojos nos contemplan hambrientos y aunque mamá agregue pimienta, limón o salsa, el plato que le fue servido permanece intacto.



domingo, 8 de octubre de 2017

Esopo / El águila y la zorra





Esopo
El águila y la zorra

Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que la convivencia reforzaría la amistad. El águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol. 

Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta, cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos y, en compañía de sus crías, se dio un banquete.

Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse que saber de la muerte de sus pequeños. ¿Cómo podría ella, un animal terrestre, sin la virtud de vuelo, perseguir a un águila? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su ahora enemiga.

Pero no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición. Se encontraban en el campo unos pastores asando una cabra. Cayó el águila sobre ella y se llevó a su nido una víscera que aún conservaba fuego. Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas. Los pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, rodaron al suelo cubiertos de llamas. Corrió entonces la zorra y los devoró.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Esopo / La zorra y el espino





Esopo
La zorra y el espino

Una zorra que saltaba sobre unos montículos estuvo de pronto a punto de caerse. Se agarró a un espino para evitar la caída, pero sus púas le hirieron las patas.

-Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has herido -dijo, adolorida.
  
- Tu tienes la culpa por agarrarte a mí -respondió el espino-. Hiero a todo el mundo y tú no eres la excepción.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Esopo / La zorra y el leñador




Esopo
La zorra y el leñador

Una zorra, perseguida por los cazadores, llegó a la casa de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre la dejó entrar.

Casi de inmediato llegaron los cazadores y le preguntaron si había visto a la zorra.

El leñador les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señaló el rincón de la casa donde se había escondido.

Los cazadores no comprendieron la seña y se confiaron únicamente en la palabra.

La zorra, al verlos marcharse, salió sin decir nada.

-¿No me das las gracias por haberte salvado? -le reprochó el leñador.

Y la zorra respondió:

-Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.