viernes, 4 de agosto de 2017

Sam Shepard / Cada vez que oía pasar un avión


Sam Shepard

CADA VEZ QUE OÍA PASAR UN AVIÓN
Traducción de Enrique Murillo



Cada vez que oía pasar un avión por encima de nuestras tierras, mi papá tenía la costumbre de pasarse los dedos por la cicatriz de metralla de su nuca. Estaba, por ejemplo, agachado en el huerto, reparando las tuberías de riego o el tractor, y si oía un avión se enderezaba lentamente, se quitaba su sombrero mejicano, se alisaba el pelo con la mano, se secaba el sudor en el muslo, sostenía el sombrero por encima de la frente para hacerse sombra, miraba con los ojos entrecerrados hacia el cielo, localizaba el avión guiñando un ojo, y empezaba a tocarse la nuca. Se quedaba así, mirando y tocando. Cada vez que oía un avión se buscaba la cicatriz. Le había quedado un diminuto fragmento de metal justo debajo mismo de la superficie de la piel. Lo que me desconcertaba era el carácter reflejo de este ademán de tocársela. Cada vez que oía un avión se le iba la mano a la cicatriz. Y no dejaba de tocarla hasta que estaba absolutamente seguro de haber identificado el avión. Los que más le gustaban eran los aviones a hélice y esto ocurría en los años cincuenta, de modo que ya quedaban muy pocos aviones a hélice. Si pasaba una escuadrilla de P-51 en formación, su éxtasis era tal que casi se subía hasta la copa de un aguacate. Cada identificación quedaba señalada por una emocionada entonación especial en su voz. Algunos aviones le habían fallado en mitad del combate, y pronunciaba su nombre como si les lanzara un salivazo. En cambio mencionaba los B-54 en tono sombrío, casi religioso. Generalmente sólo decía el nombre abreviado, una letra y un número:


-B-54 -decía, y luego, satisfecho, bajaba lentamente la vista y volvía a su trabajo.

A mí me parecía muy extraño que un hombre que amaba tanto el cielo pudiera amar también la tierra.


Sam Shepard
Crónicas de motel
Barcelona, Anagrama, 1985, pág. 118


miércoles, 26 de julio de 2017

García Márquez / El hombre que se extraviaba para siempre en los sueños

Hombre dormido (1987)
Joan Bennàssar


García Márquez

El hombre que se extraviaba 

para siempre en los sueños



Durante muchos años quise escribir el cuento del hombre que se extraviaba para siempre en los sueños. El hombre soñaba que estaba durmiendo en un cuarto igual a aquel en que dormía en la realidad, y también en ese segundo sueño soñaba que estaba durmiendo, y soñando el mismo sueño en un tercer cuarto igual a los dos anteriores. En aquel instante sonaba el despertador en la mesa de noche de la realidad, y el dormido empezaba a despertar. Para lograrlo, por supuesto, tenía que despertar del tercer sueño al segundo, pero lo hizo con tanta cautela, que cuando despertó en el cuarto de la realidad había dejado de sonar el despertador. Entonces, despierto por completo, tuvo el instante de duda de su perdición: el cuarto era tan parecido a los otros de los sueños superpuestos, que no pudo encontrar ningún motivo para no poner en duda que también aquél era un sueño soñado. Para su gran infortunio, cometió por eso el error de dormirse otra vez, ansioso de explorar el cuarto del segundo sueño para ver si allí encontraba un indicio más cierto de la realidad, y como no lo encontró, se durmió a su vez dentro del sueño segundo para buscar la realidad en el tercero, y luego en el cuarto y en el quinto. De allí -ya con los primeros latidos de terror- empezó a despertar de nuevo hacia atrás, del quinto sueño al cuarto, y del cuarto al tercero, y del tercero al segundo, y en su impulso desatinado perdió la cuenta de los sueños superpuestos y pasó de largo por la realidad. De modo que siguió despertando hacia atrás, en los sueños de otros cuartos que ya no estaban delante, sino detrás de la realidad. Perdido en la galería sin término de cuartos iguales, se quedó dormido para siempre, paseándose de un extremo al otro de los sueños incontables sin encontrar la puerta de salida a la vida real, y la muerte fue su alivio en un cuarto de número inconcebible que jamás se pudo establecer a ciencia cierta.


NOTA


Durante mucho tiempo pensé que no había escrito este cuento de horror porque su parentesco con Luis Borges era demasiado evidente, pero además inferior a todos sus cuentos. Sin embargo, ahora que lo recuerdo y lo escribo, he caído en la cuenta de que el cuarto en que lo hago -con la máquina de escribir frente a una ventana por donde se mete sin permiso todo el mar Caribe- es un cuarto igual al que siempre quise para el sueño del cuento: cuadrado justo y de paredes lisas y sin color, con una sola puerta y una sola ventana, y ningún otro mueble distinto de la cama simple y la mesa de noche con un despertador que había de repetirse sin respiro en cada uno de los cuartos soñados, pero que había que soñar en el cuarto real. Ahora que lo veo en la realidad me he dado cuenta de que no era de Borges este cuento, sino de la estirpe más antigua y sobrecogedora de Franz Kafka. En todo caso, nunca lo escribí, y tal vez ése sea su mérito mayor.

Gabriel García Márquez




domingo, 23 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El hombre



Gabriel García Márquez
EL HOMBRE

El hombre había llegado caminando a un pueblo de artesanos y había preguntado por alguien a un hombre que laboraba con un tractor. Sin remedio: el tractor no volvió a funcionar. Lo mismo ocurrió a la máquina de coser de la costurera a quien hizo la misma pregunta poco después, y a todas las máquinas de oficios diversos con cuyos propietarios tuvo algo que ver. Hice muchas versiones antes de que el ángel de la guarda, que tan mal se ocupa de los escritores tercos, me convenció de que no insistiera más, por la razón más simple del mundo: era un cuento muy malo.






jueves, 20 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El ahogado que nos traía caracoles



Gabriel García Márquez
EL AHOGADO 
QUE NOS TRAÍA CARACOLES

Soñé con escribir un cuento del cual sólo tenía el título: El ahogado que nos traía caracoles. Recuerdo que se lo dije a Alvaro Cepeda Sumudio en una fragosa noche de la casa de amores de Pilar Ternera, y él me dijo: "Ese título es tan bueno que ya ni siquiera hay que escribir el cuento".




martes, 18 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El malentendido

Dos mujeres del Tafilalet (1931)
Antonio Ortiz Echagüe



Gabriel García Márquez

EL MALENTENDIDO


Un joven de Checoslovaquia abandonó su país con el ánimo de hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años, casado y rico, volvió a su pueblo natal, donde su madre y su hermana tenían un hotel. Sólo por hacerles una broma, el viajero dejó a su esposa en otro hotel del poblado y tomó una habitación en el hotel de la madre y la hermana, quienes no le reconocieron después de tantos años de separación. Su propósito, al parecer, era identificarse al día siguiente durante el desayuno. Pero a media noche, mientras dormía, la madre y la hermana lo asesinaron para robarle el dinero.

Nota

Este es el nudo de El malentendido, la conocida obra de teatro de Alberto Camus, inspirada en una de esas historias sin origen cierto que la tradición oral transmite -con muy ligeras modificaciones-, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. Roger Quillot, autor de las notas con que el drama de Camus fue publicado en la edición de La Pléyade, dice que la historia se encuentra con muchas variantes en numerosos países y que desde la Edad Media aparecía en la tradición oral o en la Prensa. M. Paul Benicaou me señaló en particular una vieja canción de Nivernais, "El soldado muerto por su madre", escribe Roger Quillot. "De igual modo, en Mon Portrait, de Louis Claude de St. Martin, se refiere esta historia como un caso policiaco que habría ocurrido en Tours en junio de 1796. Por último, el escritor latinoamericano Domingo Sarmiento asegura que la misma leyenda es muy conocida en Chile, y una acción idéntica es el tema de la tragedia titulada El 24 de febrero, de Zacarías Werner".

Gabriel García Márquez




sábado, 15 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / La mujer más bella del mundo





Gabriel García Márquez
LA MUJER MÁS BELLA DEL MUNDO

Sin embargo, la más extraña, horrorosa y complicada de estas historias recurrentes se supone que ocurrió en algún lugar de Afganistán hace muchos años. Es la de un hombre que se encontró por casualidad en un mercado con una mujer que le pareció la más bella del mundo. De acuerdo con las costumbres locales, no trató de seducir a la hermosa con los sanos recursos occidentales, sino que concertó la boda con sus padres. La muchacha aceptó por obediencia, pero le puso al marido la condición no sólo de dormir en habitaciones separadas, sino también la de no tener ningún tipo de relaciones sexuales, salvo en las escasas ocasiones en que ella lo dispusiera. El marido se sometió a semejantes normas contra natura hasta una noche en que descubrió que su esposa solía escapar de la casa mientras él dormía para visitar un amante secreto, que mantenía desde antes de su matrimonio en una cabaña no muy distante de la suya. Entonces el marido la siguió armado con su espada, esperó a que ella saliera de la casa ajena para volver a la suya y decapitó al amante con un tajo certero. Luego limpió la espada con tanto cuidado que cuando la esposa la examinó -sospechando quién podía ser el autor del crimen- no encontró ningún rastro que le permitiera culpar al marido. Este, por su parte, coronó por fin su ambición de dormir y folgar con la mujer más bella del mundo, la cual terminó por ser feliz con él y le dio tres hijos. Muchos años después, cuando pasaron por casualidad frente a la cabaña del amante muerto, la mujer no pudo disimular su nerviosismo y le pidió al marido que se alejaran de allí lo más pronto posible. Entonces el marido cometió la imprudencia que lo delató. "En aquel tiempo no tenías tanta prisa", dijo. La mujer no hizo ningún gesto revelador, pero aquella noche, cuando el marido regresó a su casa, encontró a los tres hijos decapitados con la misma espada con que él había decapitado a su rival y nunca más en su vida volvió a tener la menor noticia de la mujer más bella del mundo.



miércoles, 12 de julio de 2017

Vivan Gornick / Decisión




Vivian Gornick
DECISIÓN
Traducción de Triunfo Arciniegas

En 1907 Edmund Gosse pensó que tenía que dejar a su padre para convertirse en él mismo; setenta años después Geoffrey Wolff sabe que no puede hacerlo porque se ha convertido en su propio padre.



DECISION

by Vivian Gornick


In 1907 Edmund Gosse thought he had to leave his father to become himself; seventy years later Geoffrey Wolff knows he cannot leave his father because he has become his father.

Vivian Gornick

The Situation and the Story: The Art of Personal Narrative





FICCIONES
Así comienza Apegos feroces, de Vivian Gornick

MESTER DE BREVERÍA
Vivian Gornick / Decisión

DE OTROS MUNDOS
Antonio Muñoz Molina / Disparando a la brisa
Elvira Lindo / Amor, esa odiosa palabra
Vivian Gornick / Apegos feroces / Reseña
Vivian Gornick / Apegos feroces / Magistral

DRAGON
Vivian Gornick: 'Most people who are writing memoirs are not writers'
Fierce Attachments by Vivian Gornik / A Memoir
Fierce Attachments by Vivian Gornick / Between mother and daughter
Gornick’s ‘Fierce Attachments’ / What happened to the writer is not what matters
Vivian Gornick / A memorist defendes her words

RIMBAUD
Vivian Gornick dans les joutes de sa mère / Amours dramatiques à New York
Viviane Gornick / Le livre de ma mère / Attachement féroce

DANTE
Vivian Gornick / Tra figlia e madre l’amore è feroce / Jonathan Lethem

FOTOS DE TRIUNFO ARCINIEGAS
Retratos ajenos / Vivian Gornick



lunes, 10 de julio de 2017

Clarice Lispector / De noche

Foto de Pierre dal Corso


Clarice Lispector
DE NOCHE

Cuando de noche él me llame, atrayéndome al infierno, iré. Desciendo como un gato por los tejados. Nadie sabe, nadie ve.


domingo, 2 de julio de 2017

Clarice Lispector / Autorretrato

Clarice Lispector


Clarice Lispector
AUTORRETRATO

Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: qué misteriosa soy.



martes, 20 de junio de 2017

Jairo Aníbal Niño / Blasfemia


Jairo Aníbal Niño
Blasfemia

Y Dios, desde la mata de su solitud, de las distancias y del tiempo, había emprendido la búsqueda. Como un aire de luz se desplazaba por el espacio infinito.

Se había posado en planetas de piel de niebla, en estrellas de entrañas irisadas, había viajado cubierto por el polvo de un sol moribundo, se había metido en interminables ojos estelares, y había llegado a galaxias llenas de un silencio blanco y duro.

Fatigado, descendió un día en un planeta calafateado por nieves eternas. Se dejó caer junto a una montaña gemidora y mirando hacia el espacio, hacia un solecito tibio y unos astros diminutos que lo acompañaban, decidió suspender la búsqueda, regresar a su estrella apagada, y el paroxismo de su soledad y desesperación, la blasfemia estalló en sus labios cuando dijo:

—He sido un iluso; el hombre no existe.

miércoles, 7 de junio de 2017

María Esther Vásquez / Verano




María Esther Vásquez
VERANO

De pronto ella estaba detrás de mí, sentí su aliento tibio en mi cuello, rozándome la nuca Me di cuenta para abrazarla y no había nadie. Por la ventana entreabierta se colaba la brisa del verano.


jueves, 1 de junio de 2017

Jairo Aníbal Niño / Caperucita y el lobo


Jairo Aníbal Niño
Caperucita y el lobo

El lobo entre los vapores de la borrachera mostró la larga cicatriz de su vientre y con voz aguardientosa dijo: Mi pena me ha lanzado a la pernicia y al vino. Mi desgracia es inmensa. Pero, ¿quién iba a malicia de la abuela? ¿Quién iba a pensar que en el sorbete de curuba hubiera echado un menjurje que me quitó las fuerzas? Impotente, sin poderme mover, vi cuando el cazador me abrió el vientre y sacó a Caperucita Roja a viva fuerza porque ella no quería salir, no quería abandonar me y se agarraba con sus manos de alabastro a mis entrañas y sin poder ayudarla di cuando se la llevaron a los empellones mientras ella lloraba de tristeza. Después me enteré de que la habían mandado muy lejos, a otra historia. Por eso, el nido que ella me dejó por dentro lo estoy llenando con vino.





lunes, 15 de mayo de 2017

José de la Colina / Etcétera




José de la Colina
ETCÉTERA

El actor, advirtiendo que su nombre se omitía en la crónica periodística del estreno, en la que sólo se decía: “Cumplieron bien con sus personajes los experimentados Fulano, Zutana, etcétera”, miró el etcétera con una lupa y descubrió levemente aliviado que, en fin, bueno, sí: allí, aunque algo apretujado, estaba él.




jueves, 11 de mayo de 2017

José de la Colina / La liebre y la tortuga





José de la Colina
LA LIEBRE Y LA TORTUGA


Jadeante hasta la agonía y poco antes de desplomarse al suelo, la Liebre le preguntó a la Tortuga:

— ¿Cómo es posible? ¿Tú? ¿Tú ganarme la carrera?

Y la Tortuga, mirándose las uñas, susurró:

— Lo siento, pero olvidé decirte que mi otro nombre es Muerte.