sábado, 3 de diciembre de 2016

Milan Kundera / La piscina



Milan Kundera
LA PISCINA

Había una gran piscina cubierta. Seríamos unas veinte. Todas mujeres. Todas estábamos desnudas y teníamos que marchar alrededor de la piscina. Del techo colgaba un cesto y dentro de él había un hombre de pie. Llevaba un sombrero de ala ancha que dejaba en sombras su cara, pero yo sabía que eras tú. Nos dabas órdenes. Gritabas. Mientras marchábamos teníamos que cantar y hacer flexiones. Cuando alguna hacía mal la flexión, tú le disparabas con una pistola y ella caía muerta a la piscina. Y en ese momento todas empezaban a reírse y cantar en voz aún más alta. Tú no nos quitabas los ojos de encima y, cuando alguna volvía a hacer algo mal, le disparabas. La piscina estaba llena de cadáveres que flotaban justo debajo de la superficie del agua. ¡Y yo me daba cuenta de que ya no tenía fuerza para hacer la siguiente flexión y que me ibas a matar!


Milan Kundera
La insoportable levedad del ser

jueves, 24 de noviembre de 2016

Milan Kundera / Coche fúnebre


Milan Kundera
COCHE FÚNEBRE

Yacía en un coche fúnebre grande como un camión de mudanzas. A su lado no había más que mujeres muertas. Había tantas que las puertas tenían que quedar abiertas y las piernas de algunas sobresalían. 

Teresa gritaba: "¡Si no estoy muerta! ¡Si lo siento!".

"Nosotros también lo sentimos todo", reían los cadáveres.

Milan Kundera
La insoportable levedad del ser

sábado, 12 de noviembre de 2016

Esopo / El caballo, el buey, el perro y el hombre




Esopo

EL CABALLO, EL BUEY, 
EL PERRO Y EL HOMBRE

Cuando Zeus creó al hombre, sólo le concedió unos pocos años de vida. Pero el hombre, poniendo a funcionar su inteligencia, al llegar el invierno edificó una casa y habitó en ella.

Cierto día en que el frío era muy crudo, y la lluvia empezó a caer, no pudiendo el caballo aguantarse más, llegó corriendo a donde el hombre y le pidió que le diera abrigo.

El hombre le dijo que sólo lo haría con una condición: que le cediera una parte de los años que le correspondían. El caballo aceptó.

Poco después se presentó el buey, que tampoco podía sufrir el mal tiempo. El hombre le contestó lo mismo: que lo admitiría si le daba cierto número de sus años. El buey cedió una parte y quedó admitido.

Por fin, llegó el perro, también muriéndose de frío, y cediendo una parte de su tiempo de vida, obtuvo su refugio.

Y he aquí el resultado: cuando los hombres cumplen el tiempo que Zeus les dio, son puros y buenos; cuando llegan a los años pedidos al caballo, son intrépidos y orgullosos; cuando están en los del buey, se dedican a mandar; y cuando llegan a usar el tiempo del perro, al final de su existencia, se vuelven irascibles y malhumorados.

Cuatro son las etapas del hombre: niñez, juventud, madurez y vejez.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Jean-Claude Carrière / La boñiga




Jean-Claude Carrière
BIOGRAFÍA

LA BOÑIGA 


Una historia de origen polaco ilustra admirablemente cierta estructura del espíritu. Habla de un polaco y un judío que, juntos, se dirigen a pie a un mercado. Ven un montón de excrementos y el judío le dice al campesino polaco: 
—Te doy diez zlotys si te comes esa boñiga. 
El campesino se queda pensativo. Imagina todo lo que podría hacer con diez zlotys mientras se pregunta por las intenciones ocultas del judío, que tiene fama de pícaro. 
Al fin acepta y, mal que bien, se traga la boñiga. El judío le da los diez zlotys prometidos y los dos hombres siguen caminando. 
Sin embargo, el judío reflexiona y se dice que sólo ha conseguido perder diez zlotys y que el polaco no parece haber sufrido gran cosa al engullir la boñiga. 
Al descubrir un segundo montón de excrementos, el judío se para y le dice al polaco: 
—Si me como esa boñiga, ¿me devuelves los diez zlotys? 
—Bueno, de acuerdo —dice el campesino tras pensarlo brevemente. 
El judío se pone manos a la obra y, a duras penas, gruñendo y ahogándose, se traga toda la boñiga. 
Vuelven a ponerse en camino los dos. Una media hora más tarde, el polaco le pregunta al judío: 
—Puesto que eres tan inteligente, ¿puedes decirme por qué nos hemos comido toda esa mierda?
No conocemos la respuesta del judío.

Jean-Claude Carrière
El segundo círculo de los mentirosos 
Lumen, Barcelona, 2008, 380 páginas

Nota
Jean-Claude Carrière no es propiamente el autor sino el compilador. En el Prólogo de El segundo círculo de los mentirosos confiesa que ha dedicado más de diez años a este volumen y se pregunta, y más que nunca en estos días difíciles, si habrá un tercero.



domingo, 6 de noviembre de 2016

Jean-Claude Carrière / El soporte del mundo




Jean-Claude Carrière
BIOGRAFÍA

EL SOPORTE DEL MUNDO 

El gran Euclides estaba un día dando clase y, entre otros temas, hablaba del mundo. El joven Ptolomeo —sin duda su mejor alumno— levantó la mano y le preguntó sobre qué se sostenía el mundo.
—Se sostiene –le contestó Euclides— sobre los hombros de un enorme gigante.
Ptolomeo bajó la cabeza y la clase continuó.
Un poco más tarde, el joven Ptolomeo volvió a levantar la cabeza y se atrevió a preguntar sobre qué se sostenía el gigante.
—Se sostiene —le contestó Euclides— sobre el caparazón de una enorme tortuga.
Y de inmediato, sin esperar otra pregunta de su alumno, Euclides añadió con severidad, alzando la voz:
—Y debajo de la tortuga ¡sólo hay tortugas!



Jean-Claude Carrière
El círculo de los mentirosos
Lumen, Barcelona, 2000, 464 páginas



Nota

Jean-Claude Carrière no es propiamente el autor sino el compilador. El famoso guionista se propuso recoger y reescribir de manera escueta y precisa las historias cortas de todas las tradiciones. Ha hecho un trabajo maravilloso, de toda la vida. El círculo de los mentirosos es el primer tomo de dos. Carrière había pensado en un tercero pero su tiempo, por desgracia, se abrevia. 


jueves, 3 de noviembre de 2016

Esopo / El ciego


Esopo
EL CIEGO

Érase una vez un ciego muy hábil para reconocer al tacto cualquier animal al alcance de su mano, diciendo de qué especie era. Le presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso.

-No acierto -dijo-, si es hijo de una loba, de una zorra o de otro animal de su misma cualidad; pero lo que sí sé es que no ha nacido para vivir en un rebaño de corderos.



martes, 1 de noviembre de 2016

Esopo / El cuervo enfermo



Esopo
EL CUERVO ENFERMO

Un cuervo que se encontraba muy enfermo dijo a su madre:

- Madre, ruega a los dioses por mí y ya no llores más.

La madre contestó:

- ¿Y cuál de todos, hijo mío, tendrá piedad de tí? ¿Quedará alguno a quien aún no le hayas robado la carne?



viernes, 28 de octubre de 2016

Esopo / La mosca



Esopo
LA MOSCA

Cayó una mosca en una olla llena de carne. A punto de ahogarse en la salsa, exclamó para sí misma:

-Comí, bebí y me bañé; puede venir la muerte, no me importa ahora.




jueves, 20 de octubre de 2016

Esopo / La viuda y la oveja


Esopo
LA VIUDA Y LA OVEJA


Una pobre viuda tenía una única oveja. Al tiempo de la trasquila, y deseando tomar su lana en forma económica, la trasquiló ella misma, pero usaba la herramienta en tan mala forma que junto con la lana le cortaba también la carne. La oveja acongojada y con dolor, le dijo:

-¿Por qué me maltratas así, ama? ¿En que te puede beneficiar el agregar mi sangre a la lana? Si quieres mi carne, llama al carnicero quien me matará al instante sin sufrimiento, pero si lo que deseas es mi lana, ahí está el esquilador, quien me esquilará sin herirme.


jueves, 13 de octubre de 2016

Bob Dylan / Animal



Bob Dylan
ANIMAL

He saw an animal as smooth as glass
Slithering his way through the grass
Saw him disappear by a tree near a lake

Vio a un animal tan liso como el vidrio
Deslizándose entre la hierba
Lo vio desaparecer en un árbol junto a un lago

Nota
"Animal" es la última estrofa de una canción de Bob Dylan, "Man Gave Names to All the Animals" (El hombre que puso nombre a los animales").

Bob Dylan
Letras
México, Océano, 2011, pp. 870 - 871



lunes, 10 de octubre de 2016

Adela Fernández / La dicha de estrenar ropa

Muñecas
Ekaterina y Elena Popovy

Adela Fernández
LA DICHA DE ESTRENAR ROPA

En otra ocasión, de visita en casa de Hortensia la costurera, las niñas se probaban ante el espejo sus vestidos nuevos, y con risas y gesticulaciones entusiastas compartían con sus reflejos la dicha de estrenar ropa. Mi madre pagó el valor de la hechura a la modista y se despidió satisfecha de poder vestir a sus dos hijas obtenidas por la gracia de Dios. En la puerta escuchó unas voces que la llamaban, se detuvo y vio que del espejo salían los reflejos y tras adquirir cuerpo y alma corrieron a alcanzarla. Esa vez mi madre regresó a casa con cuatro Cordelias.

Adela Fernández / Cordelias

Adela Fernández
Duermevelas
Editorial Katún, México, D.F, 1986, p.  16



sábado, 1 de octubre de 2016

Adela Fernández / Dos Cordelias



Adela Fernández
Biografía
DOS CORDELIAS

El día que fueron a traer agua de la fuente, Cordelia se sorprendió al ver por primera vez su rostro reflejado y comenzó a hablar consigo misma. A punto de retirarse del lugar, de la fuente salió el reflejo y adquirió cuerpo y alma. Mi madre fingió no asombrarse y ante los ojos estupefactos de los aguadores, como si nada hubiera pasado, tomó a las niñas de la mano y emprendió la caminata de regreso. Mi madre llegó a casa con dos Cordelias, una de ellas empapada.


Adela Fernández
Duermevelas
Editorial Katún, México, D.F, 1986, p.  16



martes, 27 de septiembre de 2016

Grace Paley / La vida con Cindy


Grace Paley
LA VIDA CON CINDY

La vida con Cindy tiene muchos atractivos. Al lado de una persona de otra generación se aprenden muchas cosas importantes. Y ella siempre demuestra tener gran fe en el futuro. En mi opinión, dentro de seis o siete años se habrá convertido en una mujer maravillosa. Le deseo suerte; para entonces seremos unos extraños.

Grace Paley, "Un diámetro inalterable"
Cuentos completos
Anagrama, Barcelona, 2016




domingo, 25 de septiembre de 2016

Luisa Valenzuela / Contaminación semántica


Luisa Valenzuela
BIOGRAFÍA

CONTAMINACIÓN SEMÁNTICA


La vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.
A pie o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los hispanistas y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de hispanistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.




jueves, 22 de septiembre de 2016

Luisa Valenzuela / Hay amores que matan



Luisa Valenzuela
BIOGRAFÍA

HAY AMORES QUE MATAN


Para Claude Bowald

Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada.
Él busco por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde fluo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.
Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
-Quiero una mancha roja allá, conminó.
Y ambos rieron.
Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto.
Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.